La nueva travesía al San Rafael

ALREDEDOR de 3.000 personas llegan cada año en diversos cruceros a conocer el glaciar San Rafael. Pero tan sólo 350 turistas ingresaron en 2011 al Parque Nacional que lo cobija. Una cifra tristemente baja, más cuando se sabe que esta zona protegida fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. Un galardón que en Chile sólo ostentan los parques nacionales Lauca, en el extremo norte, y Torres del Paine, en la Patagonia sur.

La realidad dice que la mayoría de la gente parece acostumbrada a conocer esta zona a través de una embarcación, en una travesía más larga. Un viaje que se inicia en Puerto Montt o Puerto Chacabuco, se llega a un par de kilómetros del glaciar, se acerca un poco más en bote, se toma whisky con hielos desprendidos y se vuelve por donde se vino.

En ningún momento se pisaron algunas de las desoladas 1.742.000 hectáreas que desde 1970 protege el Parque Nacional Laguna San Rafael; no se conocieron sus tupidos senderos ni se pudo tener una vista del glaciar en altura. Una panorámica desconocida que sí regalan los miradores de esta área ecológica resguardada.

CAMINO AL PARQUE

La flamante ruta hacia el glaciar San Rafael se origina a partir del esperado camino ripiado de 75 km que se inauguró en enero de 2011, uniendo el pueblo de Puerto Tranquilo, a orillas del lago General Carrera -punto de inicio de la excursión- con Bahía Exploradores.

Es tan nuevo el camino, que todavía no se ha terminado del todo. Falta construir el último puente que pasa por el río Exploradores.

Un tramo que hoy se realiza en bote gracias a don Jaime Schoenfeld, un patagón que vive junto al río.

Tras 15 minutos de viaje en minibús, se navega de nuevo, esta vez en zodiac hasta Bahía Exploradores. Es hora de subirse a la Explora I, lancha semirrígida con capacidad para 10 personas, que realiza esta ruta en dos horas y media.

La navegación es una invitación a conocer otra zona desconocida de la Patagonia, que cruza por estuarios, faros y golfos, y donde se esconden delfines chilenos, lobos marinos y aves como caiquenes, cormoranes y bandurrias. Además, se tiene una inusual vista del San Valentín, la montaña más alta de la Patagonia y el glaciar Hualas. Ambos tesoros naturales del Parque Nacional Laguna San Rafael.

Al final del viaje, remontando el río Témpanos, comienza a descubrirse la laguna San Rafael, con los primeros hielos desprendidos del glaciar.

Para ellos, le dedicamos todo el tiempo y la lancha se da una vuelta lentamente a su alrededor.

Finalmente, se atraca en el muelle del parque y un leve ruido, similar a un trueno, se hace escuchar constantemente. Son los hielos del glaciar que se desprenden a lo lejos.

Desde el muelle nace un camino que se interna hacia los cinco senderos del parque. ¿El más codiciado? El sendero Ventisquero, que permite llegar a los dos miradores del glaciar.

Al lado de la oficina de información turística se inicia un camino que corre por una playa de arenas y conchas junto a la laguna San Rafael, permitiendo tener un primer acercamiento con el parque y su costa, que reemplaza las olas por hielos que llenan de manchas blancas el horizonte.

SONIDO DE VENTISQUERO

Luego de otra media hora se llega a la guardería y los dos tipos de alojamiento que existen en el parque. Uno son los cinco sitios de camping que cuentan con baño y agua caliente ($ 5.000) y el otro, a 10 minutos, una cabaña para cinco personas ($ 75.000). Ambos a orillas de la laguna Caiquén y a pasos de la playa.

Aquí se inicia el sendero Ventisquero que comienza a ascender, en algunas partes por pasarelas y escalinatas de ciprés similares a las de Caleta Tortel, mientras el crujido del glaciar se oye cada vez más fuerte.

El sendero se interna por la exuberante vegetación del bosque, que incluye coigües, tepas, mañíos, canelos y ciruelillos, además de una especie endémica llamada hebe.

Luego de una hora de ascenso suave, surge el primer mirador del glaciar, que parece estar a la mano. Y más a la mano parece estar 20 minutos después, cuando se descubre el segundo mirador, aún más cerca de la mole de hielo y donde se pueden oír y divisar constantemente el origen de aquellos estruendos que han acompañado al visitante desde que llegó al parque.

El sonido es seguido de enormes bloques de hielo que caen al agua. Una escena admirada sin prisas hasta el atardecer.

LA GUINDA DE LA TORTA

Una experiencia totalmente nueva es la que ofrece AguaHielo. Empresa especializada en travesías en kayaks, que a partir de este año comenzó a realizar dos viajes de excursión. Uno con carácter de expedición, por la misma ruta que sale desde Bahía Exploradores, donde los turistas se suben en kayaks y recorren durante siete días hasta llegar y pernoctar en el parque. Este programa está diseñado para personas con experiencia media y buena condición física.

El otro tipo de excursión es complementario a los traslados en lancha desde Bahía Exploradores. Es un programa de medio día que se inicia en el parque mismo, de cuatro horas aproximadamente, y que ofrece la posibilidad única de navegar entre los hielos desprendidos hasta las mismas barbas del glaciar.

La actividad es para todo tipo de público. Sólo se debe saber nadar y escuchar el curso introductorio realizado por un guía.

Luego, a remar con el glaciar siempre a la vista, entre cormoranes y patos correntinos y hielos de todos los tamaños, formas y tres colores: transparentes, blancos y azules, según la densidad de su congelamiento. El circuito debe hacerse en la mañana, horario que permite tocar los trozos con la mano o pasar por debajo de verdaderos techos de hielo sin riesgo de derretimiento.

Tras dos horas de remado, una panorámica única. El glaciar San Rafael a 200 metros de nuestros ojos. El guía se detiene. Es peligroso seguir por el desplome constante.

No se debe esperar mucho para que un crujido abismal interrumpa el silencio reinante. Después, la caída del hielo. La enorme ola se acerca, pasando por debajo de los kayaks. Un espectáculo asombroso, pero a la vez preocupante: somos testigos en primera fila de los enormes y dramáticos efectos del calentamiento global.

Articulo Diario La Tercera

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