San Pedro de Atacama -¿qué hacer y qué visitar?

Salares en el atiplanoEncajonado entre la cordillera de Los Andes y los volcanes costeros que miran hacia el Océano Pacífico se halla Atacama, el desierto más árido del planeta. Pero tras ese título se esconde en Chile uno de los lugares más fascinantes del continente americano, cuyas lagunas, quebradas, dunas, salares, cerros, llanuras y cumbres de alta montaña conforman paisajes de una belleza casi onírica, además de palpitar bajo uno de los mejores cielos del mundo para la observación de estrellas y planetas.

Dicen que quien pisa su suelo acaba por hermanarse con el inhóspito pero bellísimo paisaje de Atacama. Da igual que la estancia dure meses o apenas los cuatro días que suelen permanecer de media los viajeros. Llegará un momento en que la visión del casi omnipresente y majestuoso volcán Licancábur se hará tan necesaria que lo extrañará durante largo tiempo una vez se haya abandonado esta parte del norte de Chile. Aunque no es lo único que dicen aquellos que un día decidieron olvidarse de la ciudad e inaugurar dirección postal aquí. Hay también quien afirma que el litio presente en el Salar de Atacama –donde se encuentra el 45 por ciento de las reservas mundiales en salmuera de este mineral– afecta al ánimo, como si de algún modo los habitantes e incluso los que llegan de visita se beneficiaran de las propiedades que propician su uso en tratamientos terapéuticos de determinados trastornos psicológicos.

Aunque al viajero que aterriza en el aeropuerto de Calama, situado a 2.432 metros de altitud, lo más seguro es que lo primero que le afecte no sean las emociones telúricas que proporciona este espectacular desierto sino la puna, el soroche, el mal de altura. Mareos, cefaleas, náuseas, falta de apetito, insomnio y agotamiento son algunos de los síntomas que se pueden sufrir mientras el cuerpo se aclimata a la altitud. Beber mucha agua y evitar el alcohol es el principal remedio para evitar el apunamiento, como repiten sin descanso los guías que reciben a los viajeros. Un consejo a tener en cuenta durante toda la estancia, ya que los principales enclaves de interés se reparten desde los 2.400 hasta los 4.200 metros de altitud. Sin olvidar las cotas aún más elevadas de algunas de sus cumbres, objetivos reservados a viajeros curtidos en la alta montaña.

La altura, paso a paso

Atacama, por lo tanto, descubre sus tesoros peldaño a peldaño. Las diversas excursiones se programan para que cada día se vayan superando paulatinamente las sucesivas cotas de altura, a razón de mil metros por día. Un favor no solo para el cuerpo sino también para la mente, ya que de ese modo se perciben mejor las diferencias biológicas y geológicas de sus paisajes. Porque, aunque no lo parezca, en esta parte del desierto atacameño no todos los gatos son pardos. Dunas de arena, curiosas formaciones rocosas, salares, oasis, quebradas, lagunas de alta montaña, géiseres y llanuras altiplánicas donde crece la paja brava y pastorean las vicuñas –las primas asilvestradas de las llamas– asoman en su más que rico menú de postales. La vida resiste aquí gracias a que el desierto absoluto, el que le ha dado la fama a Atacama de ser el más árido del mundo, comienza al otro lado de la cordillera de Domeyko. Más allá de esta barrera geológica hay rincones que no percibieron una gota de lluvia durante la friolera de 400 años seguidos. Aunque tampoco se ve demasiada en esta otra parte del desierto. Los habitantes de San Pedro de Atacama no le piden cuentas al cielo. Saben que de él no caerá mucho más de 10 milímetros de agua por metro cuadrado al año. Más bien miran hacia lacordillera de los Andes, de donde proceden los pocos ríos y los cauces subterráneos que han permitido que la vida se haya asentado a pesar de las escasas precipitaciones.

San Pedro, la población más importante por estos lares después de Calama, es austera, como todo lo que la rodea. Modelada a base de adobe y maderas de algarrobo, sus aires de modesta parada comercial fronteriza –se encuentra a tiro de piedra de los pasos que conducen a Bolivia y Argentina– no han desaparecido a pesar de haber quintuplicado su población en la última década, llegando ya a los diez mil habitantes, según el censo de este año. Las calles polvorientas continúan sin asfaltar, aunque, cosas de la vida, no hay posibilidad de perderse por ellas gracias a los carteles indicativos que patrocina una conocida compañía de telefonía.

Pueblo sin baile

Su aire de campamento base se acentúa gracias a la presencia de más de una docena de empresas turísticas que ofrecen excursiones por la zona y algún que otro comercio especializado en equipamiento de montaña. La mayoría de estos establecimientos se sitúan en la calle Caracoles, su vía principal, donde al declinar la tarde los turistas comienzan a discurrir abajo y arriba buscando dónde cenar, tomar un té de coca o disfrutar de una cerveza. En el patio del restaurante Plaza, situado junto a la sencilla pero hermosa iglesia de la localidad, se quedan aquellos sedientos de una copa, ya que es el único local con licencia para servir bebidas alcohólicas a secas, es decir, sin que el cliente tenga además que ordenar comida. Y los que quieren bailar o escuchar música en vivo, directamente se van del pueblo. Sin locales con licencia de cabaret a los que acudir –suena antiguo, pero éste es el permiso que permite en Chile abrir locales nocturnos destinados al baile o los conciertos–, la noche sampedrina se ha vuelto ilícita, como si de una rave clandestina se tratara, y cada fin de semana busca escondrijo entre los tamarugos que pueblan el paraje conocido como El Tambillo o por los ayllus que rodean San Pedro.

Llamados por la fama creciente de sus paisajes, cada año llegan hasta aquí alrededor de 60.000 viajeros, algunos de los cuales deciden romper el billete de vuelta y no volver a hacer la maleta durante un tiempo. Sin embargo, fueron los votos religiosos y no el turismo lo que condujo hace más de 50 años al jesuita belga Gustavo Le Paige hasta San Pedro. Lo que con toda seguridad parecía que iba a ser su destino menos atractivo se convirtió pronto en pasión. Sus esfuerzos por rescatar la historia del pueblo atacameño se exponen en el museo que lleva su nombre, una visita muy recomendable que permite observar gran parte de los hallazgos arqueológicos realizados por el jesuita durante más de tres décadas. Aquella fructífera labor de recuperación se debió en gran parte a la sequedad de Atacama, que preservó durante siglos –e incluso milenios– el buen estado de los yacimientos. Las escasas precipitaciones son también las causantes de que cerca de Calama, en Chuquicamata, se encuentre la mayor mina de cobre a cielo abierto del planeta. La falta de agua permitió que el cobre no se disolviera y que los depósitos quedasen intactos. Trabajada ya en tiempos de los incas, Chuquicamata entró en la era industrial a principios del siglo XX de la mano de los Guggenheim, unas pocas décadas después de que los nitratos de potasio chilenos comenzaran a llegar a Europa. Ahora al cobre se le ha unido un nuevo maná, el litio, cuya alta concentración es debida –cómo no– a la ausencia de lluvias.

Ocaso inolvidable

La mina de Chuquicamata está abierta a las visitas, al igual que determinados sectores del Salar de Atacama, aunque en éste no hay que ir a buscar las explotaciones del litio sino las espectaculareslagunas que dan cobijo a flamencos y otras aves migratorias. Los visitantes acuden a la bellísima Laguna Cejar a fotografiarse con el Licancábur de fondo para después darse un baño en la vecina Piedra, donde los cuerpos flotan debido a la alta concentración salina. La otra parada obligada en este enorme salar de 3.200 kilómetros cuadrados es la laguna Chaxa, a la que es mejor acudir al atardecer, cuando el sol, que va camino de ocultarse tras la cordillera de Domeyko, va coloreando las cumbres de Los Andes de tonos naranjas, rojizos, rosados e incluso púrpuras. Difícil será que la retina olvide este espectacular ocaso. Como tampoco el perfil del Llullaillaco, el cuarto volcán más elevado del planeta gracias a sus 6.739 metros de altitud, que termina para siempre grabado en la memoria del viajero una vez éste conoce que la cumbre que está viendo sin ayuda alguna se encuentra nada menos que a 300 kilómetros de distancia del salar.

La extrema limpieza del aire de Atacama, causada por la altitud y la baja humedad, no sólo permite disfrutar de paisajes cristalinos, atardeceres soberbios y hasta casi visión de halcón sino que a la noche descubre un firmamento pleno de joyas celestes. Tan claro y limpio es su cielo que la primavera que viene se inaugurará oficialmente ALMA (Account Large Milimeter Array), el más potente telescopio para observar el universo frío, con longitudes de onda que alcanzan desde el gas molecular al Big Bang, y que contará con 66 antenas de alta precisión ubicadas en el Llano de Chajnantor, a 5.000 metros de altitud. Este relevante proyecto internacional se acercará al público a través de visitas guiadas dentro de poco más de un año. Mientras tanto, el observatorio del Hotel de Larache es la mejor opción para asomarse al cielo limpio de Atacama y conocer los misterios del universo.

Con la llegada del amanecer, la belleza de la noche atacameña da paso de nuevo a los escenarios mayúsculos que aguardan a pocos kilómetros de San Pedro. De camino a ellos se suceden instantáneas en apariencia humildes, aunque resistentes al olvido: las kilométricas rectas que bordean el salar, el pasto amarillento que forma la grama salada sobre la llanura de sal y arcilla, pequeños grupos de vicuñas pastando en la lejanía y pueblecillos como Toconao o Socaire luciendo campo de fútbol de césped sintético recién donado por alguna compañía minera. Y siempre, como un telón de fondo que quisiera captar todo el protagonismo, la soberbia cordillera de los Andes, con su ejército de volcanes acompañando a Licancábur, como Láscar, Juriques, Aguas Calientes y Putana, fácilmente reconocible por la visible actividad fumarólica de su cumbre. No es la única señal de vulcanismo en la zona. Ni la más famosa. A los géiseres del Tatio, situados a más de 4.200 metros de altitud, llegan cada madrugada cientos de viajeros a la espera del inmediato momento en que la luz del amanecer permita ver decenas de columnas de vapor subiendo hacia el cielo. Es la diferencia de temperatura –80 grados frente a los varios bajo cero del exterior– la que las crea, remarcando así la tenebrosidad de este paisaje de géiseres, fumarolas y termas a caballo entre el infierno y el purgatorio.

La cordillera de la sal

Geisers del Tatio
Geisers del Tatio

El trío de ases atacameños se completa con la contundente belleza de las lagunas altiplánicas de Miñiques, Miscanti y Tuyajto –una excursión apta para todos los viajeros pues se llega hasta ellas en vehículos– y el Valle de la Luna, con su famosa Duna Mayor, privilegiado mirador sobre los ocasos de Atacama. Este visitadísimo valle cuyas crestas, hondonadas y salientes parecen espolvoreados de azúcar glas, forma parte de la cordillera de la Sal. Formada por una sucesión de cerros que asemejasen un acordeón, la mejor forma de descubrirla es desde el mirador de Cari, donde se encuentra la Piedra del Coyote, seguramente el saliente rocoso más fotografiado del país pues no hay viajero que no sufra de vértigo que renuncie a retratarse en él. Aunque a este mirador se suele acudir el primer día, si la agenda de excursiones y actividades lo permite conviene volver la última tarde, cuando tanto la cabeza como el cuerpo se han hecho definitivamente a Atacama. Con las preguntas ya contestadas, los caminos recorridos y las cotas superadas, es el momento de disfrutar una última vez de la belleza casi onírica del desierto y de las majestuosas cumbres de los Andes. Absorber toda la energía posible que envíe la Pachamama, la Madre Tierra, no vaya a ser que cuando el viajero vuelva a sus cotidianeidades le dé por preguntarse si fue verdad que estuvo allí.

Un gran simulador para los robots de Marte

Las mayores cantidades de cobre, litio y nitratos de potasio del mundo se encuentran en esta parte del planeta. Las escasas -o nulas- precipitaciones que caen sobre el desierto de Atacama han beneficiado la conservación de estos importantes filones geológicos. Pero también ha servido mucho a la ciencia aeroespacial. Desde que se ha confirmado la tremenda sequedad que tienen algunos sectores del desierto, la NASA se ha dedicado a buscar vida microscópica y a testar prototipos de robots que, como el Spirit o el Opportunity, serán enviados a Marte. Pero, ¿a qué se debe semejante aridez? El desierto de Atacama se encuentra encajonado entre los volcanes de la costa y la cordillera de los Andes, situándose el sector más árido entre la cordillera de Domeyko y dichos volcanes costeros. Cuando la corriente fría de Humboldt llega a la costa del Pacífico, el aire caliente y seco de los trópicos se condensa sin posibilidad de ascender por encima de las cumbres costeras. La lluvia queda por lo tanto atrapada. Y por el Este, es la enorme cordillera de los Andes la que retiene la humedad procedente de la cuenca amazónica, cuya agua llega de forma muy marginal hasta el Salar de Atacama.

Fuente: elperiodico.com

Santiago: Cinco lugares para disfrutar en verano

Santiago de Chile twilightUna destacada cartelera cultural con museos, teatros, cines y galerías de arte; un amplio despliegue gastronómico; parques, tiendas y una agitada vida nocturna, conforman parte del abanico de actividades que ofrece la capital chilena.

Llena de contrastes, Santiago ofrece al turista la más extensa variedad de alternativas para su estadía: desde la diversidad de atractivos que se pueden visitar –como teatros, cines y galerías de arte– hasta una amplia gama de restaurantes para disfrutar la rica gastronomía nacional, con productos afamados en todo el mundo, preparaciones internacionales y gourmet, o degustaciones de platos de la cocina de autor.

Asimismo, Santiago cuenta con espectáculos de todo tipo y sitios de interés para que el visitante se inserte en la cultura de nuestro país, entre ellos óperas, ballets, presentaciones folclóricas y significativos conciertos, además de una serie de lugares que ofrecen una agitada vida nocturna. Todo esto hace que el visitante experimente una placentera e inolvidable estadía.

No por nada el periódico estadounidense The New York Times eligió a la ciudad capital como el destino número uno para visitar durante 2011. En 2012, Santiago fue elegida entre las tres primeras “ciudades más atractivas del mundo”, según un ranking que desarrolló CNN Internacional.

CONTINUA EVOLUCION.

Las nuevas construcciones, el impulso cultural que tiene desde hace algunos años, la inauguración de modernos y lujosos hoteles, el desarrollo de las zonas tradicionales y de enoturismo, hacen de nuestra capital un destino único en Sudamérica. “Cuando se habla de Santiago, quizás lo primero que se nos viene a la cabeza es la Plaza de Armas o la Casa de Gobierno; sin embargo, la capital tiene mucho que ofrecer en materia de turismo y entretención. La Región Metropolitana y sus 52 comunas encierran una serie de atractivos, tanto culturales como naturales, que esperan por el visitante nacional y extranjero”, explicó Nicolás Blanco, director regional del Servicio Nacional de Turismo Metropolitano. Y agregó: “Cómo no hablar de un Pomaire o del Cajón del Maipo, de los barrios patrimoniales y turísticos como el Barrio Italia, Lastarria o Yungay, de los tres centros de esquí de clase mundial que tiene la región y los numerosos senderos de trekking que rodean a la capital. En suma, la Región Metropolitana cuenta con diversas actividades todo el año, pero es en verano cuando la región permite un disfrute pausado y alejado de todo tumulto. La invitación para los que se quedan o vienen a la Región Metropolitana es a darle una oportunidad y descubrir sus encantos a la vuelta de cada esquina”. Para eso, a continuación le presentamos cinco recomendados de Santiago y la Región Metropolitana:

1 Gastronomía:

Con una atractiva oferta culinaria, Santiago cuenta con una amplia variedad de restaurantes con lo mejor de las cocinas del mundo: peruana, italiana, cubana, tailandesa, francesa e india, sushi y nouvelle cuisine, así como algunos restaurantes temáticos y de cocina de autor. Uno de los tradicionales sectores gastronómicos es el Barrio Bellavista.

Esta zona cuenta con una serie de nuevos restaurantes tipo bistró –más de 100–, que junto a las salas de teatro, las galerías de arte y museos, los parques y la rica diversidad de sus habitantes cosmopolitas, la hacen un polo atractivo para visitar.

Un imperdible para los sibaritas es el Patio Bellavista. Con una amplia gama de restaurantes, el complejo ofrece preparaciones de distintos puntos del orbe, destacándose por su excelente nivel gastronómico en medio de un ambiente distendido y festivo.

Otro sector que está dando que hablar es la zona de Alonso de Córdova. El exclusivo sector de Vitacura es un polo joven que brinda amplias veredas, jardines mantenidos en forma perfecta, poco tráfico y modernidad. Reúne tiendas de diseño, boutiques, galerías de arte, mobiliario, joyerías y decenas de restaurantes gourmet que dan vida a un barrio donde priman el lujo y la vanguardia.

Aquí también se encuentra el recientemente inaugurado Parque Bicentenario, uno de los parques urbanos más grandes y modernos de Santiago, y las sedes de importantes organismos internacionales, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de Naciones Unidas y la Organización Europea para la Investigación Astronómica Hemisferio Austral (ESO).

En materia gastronómica la avenida Nueva Costanera cuenta con una fina selección de restaurantes de alta gama especializados en cocina de autor y de nuevas tendencias, como es el caso del Boragó, cuya cocina ha sido reconocida a nivel mundial. Italianos, franceses y parrillas, la oferta es amplia y de primer nivel. Su entorno es un atractivo más, como es el caso del Mestizo, el cual está ubicado estratégicamente en el Parque Bicentenario, con una privilegiada vista y mucha tranquilidad. Otros sectores destacados a la hora de comer son el Parque Forestal, el Barrio Italia e Isidora Goyenechea.

2 Diseño:

Santiago está viviendo una metamorfosis cultural. Eventos destacados, teatros y muchos conciertos están marcando la tendencia cosmopolita de la ciudad. La moda y el diseño son un claro reflejo de ello.

Para conocer las nuevas tendencias uno de los polos destacados es la zona del Parque Forestal, comprendido por los barrios Lastarrias y Bellas Artes.

Ambos barrios se ubican detrás del cerro Santa Lucía, zona emergente de la capital. Cuenta con vida propia gracias a que cada vez hay más cafés, tiendas de moda y de arte que se instalaron en el lugar. Su arquitectura y emplazamiento cultural (Biblioteca Nacional, museos, salas de teatro y cine) hacen de este lugar el favorito de intelectuales y amantes del séptimo arte.

Sus principales calles son Lastarria, Merced, Monjitas y José Miguel de la Barra. En ellas encontrará tiendas de moda, muebles, música, libros, decoración y un sinfín de novedades de diseñadores emergentes.

Por su parte el Barrio Italia es hoy un paseo obligado para los ciudadanos que buscan encantarse con la vida de antaño. Es un lugar donde conviven residentes de muchos años, gente joven, anticuarios, tiendas de diseño y decoración, restaurantes, galerías de arte, y talleres mecánicos; con pequeños locales comerciales sobrevivientes que conservan ese aire de barrio: almacenes, reparadores de calzado y talleres de bicicleta, entre otros.

El nombre del barrio está ligado a la construcción del famoso y muy concurrido Teatro Italia. Las construcciones de la época correspondían a espacios de descanso de la aristocracia.

Al caminar por esta avenida, entre las calles Bilbao y Sucre es posible encontrar una variada oferta de tiendas de diseño, cafés y restaurantes. Muchas de las antiguas casas del sector se han restaurado con el objetivo de albergar varias tiendas a modo de galería comercial que usualmente incorporan un café en terrazas o patios interiores. A partir de este eje principal, las tiendas han ido expandiéndose a otras calles como Condell, Santa Isabel y Malaquías Concha, entre otras.
Imperdible es visitar a los anticuarios y restauradores que se instalaron en la calle Caupolicán durante la década del 70 y cuyo entorno fue remodelado en 2002. Es muy interesante recorrerlos porque los distintos talleres tienen diferentes especialidades y en ellos pueden encontrarse muebles nuevos y antiguos, libros usados, y lámparas, entre otros.

Otras zonas destacadas son Alonso de Córdova e Isidora Goyenechea, cuyas aceras cuentan con tiendas de exclusivas firmas internacionales.

3 Naturaleza:

Santiago capital cuenta con maravillosos parques para disfrutar al aire libre. El Parque Metropolitano de Santiago es el parque urbano más grande de Chile y uno de los mayores del mundo. Está conformado por los cerros San Cristóbal, Chacarillas y Los Gemelos; y cuenta con una extensión de 722 ha. aproximadamente, abarcando las comunas de Providencia, Recoleta, Huechuraba y Vitacura. En él se encuentra el Zoológico Metropolitano, además de contar con una serie de sectores para picnic, senderos de trekking y una amplia variedad de actividades recreativas y deportivas.

Ubicado a 20 km. de Santiago en el borde del río Maipo, Pirque es uno de los puntos turísticos destacados de la Región Metropolitana. La zona mantiene el aspecto rural y campestre, pero con mayor urbanización que antes. Antiguas haciendas, numerosos fundos y parcelas residenciales-agrícolas, además de una gran variedad de viñas y la hermosa reserva Río Clarillo, son algunos de sus atractivos.

CPT4196Hacia la cordillera de los Andes (15 km.) se encuentra el Cajón del Maipo, un oasis para los que desean respirar aire puro y evitar el ajetreo de la ciudad. La zona es ideal para quienes buscan sumergirse en la naturaleza, comer comida tradicional y realizar actividades outdoors y deportes de aventura.

Algunos sectores para disfrutar son Las Vertientes, con varias hosterías con piscina; El Manzano, con buenos sectores de picnic; y San José de Maipo, el principal poblado del Cajón. Uno de los más atractivos es San Alfonso, donde es posible realizar rafting (grados 3 y 4) por el río Maipo.

En Lo Valdés, hay pozones naturales con aguas a 70°C. El Monumento Natural El Morado, cuenta con 3.000 ha. para realizar trekking y escalada en las principales cumbres de la zona: El Morado y el San Francisco.

Otras zonas destacadas son los centros de esquí. Algunos de ellos cuentan con actividades de verano, como Valle Nevado, que ofrece cabalgatas en grupo hacia el cerro El Plomo, trekking de montaña, paseos en andarivel y exquisita gastronomía.

4 Tradición:

A 50 km. de Santiago –a través de la ruta 78 en dirección a San Antonio– se encuentra uno de los pueblos más representativos de las tradiciones huasas de la zona central de nuestro país, Pomaire. Este pequeño lugar, refugio de alfareros, ofrece en su calle principal artesanías en greda (o arcilla) y la mejor gastronomía, con una amplia variedad de platos típicos de la cocina chilena como el pastel de choclo, los porotos con riendas, el asado de tira y la tradicional empanada que destaca por su tamaño, llegando a pesar más de 500 gr.

También es posible saborear los tradicionales licores o mistelas preparados a la vieja usanza, entre los que destacan los enguindados, apiados y maqueados.

Curacaví, una comuna de la provincia de Melipilla, Región Metropolitana, es conocida por sus tradicionales artesanías y pastelitos como los “Dulces de Curacaví”. Inserta entre los cerros de la cordillera de la costa en la zona central, Curacaví destaca por su turismo rural y la gastronomía. También es famosa por la chicha, elaborada en las casas de los comerciantes, quienes además disponen en sus parcelas de los parrones y vasijas para almacenar este licor.

Es un lugar único que cuenta que con una tranquilidad inigualable y aún conserva los vestigios de la historia, calles y casas antiguas, territorio privilegiado para el visitante, quien está invitado a disfrutar de su tradición e historia.

María Pinto, un valle ubicado entre la gran Región Metropolitana de Santiago y la costa del Pacifico que baña a las ciudades de Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad, y Viña del Mar, con su blanca arena y sus playas.

Por su parte, el valle de María Pinto es el sitio ideal para descansar y relajarse en un ambiente rural muy tradicional, con elementos típicos de una agricultura con grandes plantaciones de árboles cítricos, frutales y paltos. Su exuberante naturaleza invita al turista a explorar y maravillarse con su vegetación autóctona, bosques nativos y una fauna con más de 50 especies.

Entre sus atractivos están las actividades outdoors como cabalgatas, paseos en bicicleta y trekking, a través de la Ruta de los Conquistadores, la cual sigue los pasos de Diego de Almagro y Pedro de Valdivia.

5 Eventos:

Santiago se ha perfilado en los últimos años como una capital del turismo de negocios. Cuenta con una completa infraestructura: hoteles de todas las categorías, destacado centro de eventos, un centenar de restaurantes con una excelente gastronomía –tanto regional como internacional– y maravillosos destinos para realizar pre y pos tours en entornos privilegiados; además de tarifas competitivas y un gran desarrollo tecnológico.

Su amplia variedad de establecimientos hoteleros de lujo y una disponibilidad aproximada de 8.500 habitaciones en hoteles de 3 a 5 estrellas –casi el 70% construidos en la última década– la hacen ideal como sede de ferias y convenciones.

Los complejos cuentan con moderna tecnología, comodidades e instalaciones para realizar cualquier tipo de congreso o seminario. Conjuntamente, los espacios de reunión dentro de los hoteles se destacan por su alto prestigio internacional, pudiendo albergar eventos para 8 mil personas.

A su vez, debido al crecimiento de la demanda, en los últimos 10 años la construcción de este tipo de infraestructura se ha duplicado.

Actualmente, Santiago posee seis centros de convenciones, los que ofrecen en infraestructura aproximadamente 81 mil m2 de salones y espacios feriales altamente equipados.

RUTA CAPITAL

La Ruta Capital es un circuito turístico que busca relevar destinos emblemáticos y representativos de las comunas de Providencia, Santiago, Recoleta y Vitacura, haciendo un reconocimiento a la historia, el patrimonio y la identidad de estos barrios, los cuales pueden ser recorridos en una tranquila caminata.

El circuito sigue la ribera sur del río Mapocho, fundamental en la fundación de Santiago. A los nombrados sectores de Alonso de Córdova, Barrio Bellavista y Barrio Lastarria, se suma a la Ruta el Barrio Yungay, frontera oeste del centro histórico de Santiago, que mantiene una sofisticada gama de museos, parques, bohemia, edificatoria patrimonial y una activa organización cívica que lo hace sobresalir entre sus pares.

Fuente Revista Viajando